La Casa Portaceli se sitúa en Serra, enclave mediterráneo donde la luz, la topografía suave y la vegetación consolidada definen…
La Casa Portaceli se sitúa en Serra, enclave mediterráneo donde la luz, la topografía suave y la vegetación consolidada definen el carácter del lugar. Se trata de una vivienda de obra nueva desarrollada íntegramente en una sola planta y con una superficie construida de 1.110 m², combinando la edificación principal con porches que prolongan la vida interior hacia el jardín y con edificaciones auxiliares que completan el conjunto. La parcela es estrecha, longitudinal y prácticamente plana, condición que invita a concebir la arquitectura como una pieza lineal capaz de dialogar con el jardín que la envuelve y de construir un paisaje propio mediante la secuencia de los espacios que organizan la vivienda.
La estrategia del proyecto parte de transformar esta condición geométrica en una oportunidad: en lugar de organizar la parcela en jardín frontal y posterior y relegar los laterales a espacios sin uso, la vivienda se concibe como un recorrido transversal que incorpora los dos jardines laterales, cosiendo interior y exterior y diluyendo los límites entre ambos. La vegetación se integra en el interior, generando fondos de perspectiva cuidados y una mayor amplitud visual. Una secuencia de patios, porches y vacíos controlados oxigena la vivienda y enmarca las vistas. Así, en Casa Portaceli es posible cocinar frente a un patio de frutales, acceder percibiendo la profundidad completa del jardín o descansar en el salón contemplando cómo la luz se filtra y se refleja en el agua.
Se plantea un acceso tangencial que desemboca en un punto intermedio de la casa, evitando pasillos y circulaciones innecesarias. Enmarcado por un porche-jardín de buganvillas que actúa como umbral vegetal y filtro solar natural, este acceso permite organizar el programa en dos ámbitos diferenciados -uno destinado a las áreas de día y otro a las de noche- sin necesidad de un pasillo longitudinal. Este acceso, articula la vivienda, generando una secuencia continua de espacios donde cada estancia conecta naturalmente con la siguiente. El trabajo en sección refuerza esta continuidad: ámbitos de compresión y descompresión que acompañan el recorrido segús el uso de cada espacio y enriquecen la experiencia interior.
El proyecto incorpora un estudio de orientaciones y soleamiento, recurriendo a porches profundos, voladizos y a la propia configuración arquitectónica, así como a la vegetación, para regular la incidencia solar. En el salón-comedor, grandes ventanales permiten retirar completamente las hojas correderas, ampliando la superficie del porche y estrechando la relación con el exterior.
La materialidad de Casa Portaceli se concibe como una prolongación natural del paisaje. La arquitectura se articula mediante planos de ladrillo tosco artesanal, mortero de cal y grandes superficies acristaladas —resueltas con carpinterías y vidrios de altas prestaciones—, configurando una envolvente cálida y serena. Sobre este conjunto un voladizo de hormigón visto en tono claro, unifica y protege los espacios exteriores. La continuidad material se extiende mediante pavimento porcelánico en el interior y en los porches, y con hormigón desactivado y superficies ajardinadas en el exterior, prolongando la arquitectura hacia el jardín.
La Casa Portaceli se concibe como una pieza serena y longitudinal, un diálogo entre arquitectura y paisaje que construye un recorrido pausado, profundamente vinculado al entorno.